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jueves, 3 de junio de 2010

Sabina: El otro Borges.



Estoy en la guardería, me he hecho muy amiga de la secretaria y me ha prestado su computadora para escribir. Ayer estuve con mi papá en la tarde. Fuimos al centro y me llevaba en la cangurera; íbamos muy contentos los dos. Compramos algunas cosas en la farmacia y después entramos a una librería; no compramos nada, sólo andábamos de mirones. Regresando a casa, me dio de comer, me chuté seis onzas de fórmula en mi mamila. Ya tenía hambre de tanto caminar.
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Como no me dormí, se puso a jugar conmigo y luego tomó un libro de cuentos de Borges (o “Borgues”, como diría nuestro gran intelectual Vicente Fox) y me leyó “El otro”. ¡Pero que pedazo de escritor ese Ché Borges! ¿Cómo puede un tipo ser tan genial?
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Resulta que en “El otro” Borges ya viejo se encuentra con un Borges joven y ambos sostienen un maravilloso diálogo en el que se cuentan sus vidas (aunque evidentemente Borges viejo sabe casi todo lo que sabe Borges joven). Sin embargo, el joven logra meter al viejo en muchos aprietos, como cuándo le pregunta: “Si en realidad usted es quién dice ser, ¿cómo es que no recuerda haber tenido esta conversación cuando tenía veinte años?... ” Parece algo simple pero se trata de una genial paradoja, digna de Borges. Pensar en ese encuentro me enchinó la piel. ¡Hay nanita!
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Borges viejo se da cuenta que en realidad Borges joven no es capaz de reconocerlo porque, aunque sí se trata del mismo ser humano, para el Borges joven, un viejo, aunque sea él mismo, es una persona diferente. ¡Qué lío generacional! ¿Habrá leído Ortega y Gasset a Borges, a propósito de este lío generacional? En efecto, con el tiempo, nos volvemos personas diferentes, no sólo es nuestra apariencia, la vida nos hace ser otros.
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“El otro” me hizo preguntarme a mí misma que pasará conmigo dentro de dos, cinco, diez, veinte, cincuenta años… ¿Cuántas otras Sabinas habrá en ese camino? ¿Qué pasaría si ahorita llegara una Sabina de sesenta años y me cargara? ¿Se reconocería a sí misma? ¿La reconocería yo? Yo creo que no. En algún momento del cuento, los Borges sostienen un diálogo sobre los sueños, una clara influencia cartesiana en el maestro. Al final, justo esa es la coartada del Borges viejo, él justifica el olvido de haber tenido ese diálogo a los veinte años porque habría sido tan impactante que el joven lo tomó por un sueño, de tal forma que fuese más fácil olvidarlo. ¿Será eso posible? ¿Seremos capaces de borrar de nuestras mentes aquellos sucesos tan impactantes? Yo todavía no olvido los treinta y cuatro días que estuve en hospitales después de nacer; quizá algún día lo logre aunque no sé si en realidad lo quisiera olvidar. Mi papá me dijo que hay cosas que él preferiría olvidar pero que no es tan fácil; intentará hacerlo al estilo de Borges, pensar que eran sueños para archivarlos donde habita el olvido, como diría mi tocayo Joaquín Sabina.
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En fin, que ojalá alguien que haya leído esto se anime a leer (o a releer) al maestro Borges y viajar con el otro. El cuento se puede bajar de internet pero siempre será más placentero leerlo en un libro.
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Adiós.

miércoles, 2 de junio de 2010

Sabina: unas lecciones de Ortega y Gasset



A mi papá le gusta estarme leyendo mientras juego en mi gimnasio o me esfuerzo por aprender a gatear; a mí me gusta estarlo escuchando aunque a veces no entienda nada. Él trata de explicarme las cosas que considera son difíciles para mi, pero muchas cosas se le van. Otras veces, entiendo bien lo que dice pero él piensa que no entiendo y me explica. Cuando empiece a hablar ya la aclararé que entiendo y que no. Uno de los últimos libros que me leyó fue el de un señor español que se apellida Ortega y Gasset. Tenemos muchos libros de Ortega que iremos leyendo; mi abuelo el Moyo se los regaló hace tiempo a mi papá y, ahora, también son míos. A propósito de Ortega, mi papá me contó algo que sucedió hace algunos años con un presidente argentino muy ignorante y ratero, una verdadera pesadilla para su país; su nombre: Carlos Menem. Alguna vez asistió este fulano a España y allí dijo en tono solemne, algo así como "España siempre se ha distinguido por sus grandes hombres de letras; como, por ejemplo, Ortega... y también Gasset, otra gran escritor..." ¡Uf! Ya me imagino la cara de todos los asistentes. Ese Menem fue una verdadera calamidad para Argentina, contemporáneo de nuestra calamidad mexicana: Carlos Salinas. ¡Qué tipos tan nefastos!

El caso es que mi papá me leía "¿Qué es la filosofía?" de Ortega. Yo creo que a pesar de que Ortega es un filósofo que escribe muy claro, el tema es complicado. Este libro recoge una sesión de conferencias que el propio filósofo dio en España y Argentina en 1938. Ese Ortega sí que era bueno; toda una enciclopedia. Formado mayormente en Alemania, es súmamente crítico. Me doy cuenta que Ortega es un gran admirador de la tradición filosófica clásica: Platón y Aristóteles son sus grandes referentes. Afirma que a pesar de que ha pasado tanto tiempo, no hemos sido capaces, como humanidad, de comprender bien a los clásicos. Mi papá me comentó que Ikram Antaki decía que algo así como "filosofía es Platón, todo lo que se ha escrito desde entonces son notas al margen". ¿No es maravilloso cómo alguien que vivió hace más de 2500 años siga siendo el referente para el trabajo literario y filosófico de tantas generaciones? A mí me parece que sí lo es.

A los filósofos medievales, los padres intelectuales de la doctrina católica, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, Ortega también los coloca en lugar muy especial. Hace mucho énfasis en Tomás, con su brillantísima (aunque al mismo tiempo tramposa) interpretación de la doctrina aristotélica adaptándola de forma casi perfecta a la doctrina cristiana. Anteriormente, dice Ortega, Agustín había hecho algo similar pero con la obra de Platón. Agustín, al fin platónico, es mucho más emocional, mientras que Tomás es sumamente racional. Mi papá me ha dicho que pronto vamos a estudiar juntos a Tomás de Aquino pero que aún no se siente preparado para hacerlo. Dice que, por lo que le enseñó Ortega en sus lecciones y por lo poco que él conoce, para entender a Tomás tenemos primero que estudiar a Aristóteles.

En las lecciones de Ortega también aparecen como grandes referentes otros dos personajes maravillosos sin los cuales no sería posible entender nuestro mundo. Galileo y Descartes son los fundadores del pensamiento moderno. Uno italiano y otro francés, sin ellos sería imposible que el mundo fuese lo que es hoy, con todo lo bueno y malo que hay. Mi papá me dijo que después me leerá otro libro de Ortega que él leyó hace tiempo que se llama "En torno a Galileo". Dice que, aunque el título alude sólo al italiano, en realidad trata sobre todo el período del renacimiento y descarta las figuras tanto de Galileo como de Descartes. A propósito de Galileo se dicen muchas cosas negativas: que no fue él quién rompió con el geocentrismo, que se retractó de sus teorías, que fue un cobarde, que él no inventó el telescopio sino que se lo fusiló y no sé cuantas cosas más. Lo interesante de él es que fue el hombre indicado en el momento histórico preciso; retomando otra vez a Ortega, su circunstancia fue única en la historia de la humanidad.

Mi papá admira mucho a Descartes porque dice que sus trabajos están escritos en un lenguaje sencillo aunque no por ello deja de ser sumamente profundo. Es sorprendente como su Discurso del Método sea uno de los textos más influyentes en la historia del pensamiento contemporáneo. Otra vez, un hombre brillante al que le tocó vivir una circunstancia adecuada para que su pensamiento tuviera eco. Además de sus trabajos literarios, está otra maravillosa aportación de Descartes, el desarrollo de una de las ramas más hermosas de las matemáticas: la geometría analítica, disciplina que combina de forma maravillosa el álgebra y la geometría. Leer el Discurso del Método y estudiar geometría analítica debieran ir de la mano para los estudiantes de preparatoria. Mi papá ha prometido que me enseñará matemáticas cuando sea grande; espero que me lo cumpla porque con tanto que me platica ya tengo ganas de aprender aunque por el momento me conformo con darle vuelta a mi manita para verla por los dos lados; así puedo pasar muchos minutos. En fin, que ya mi papá me irá leyendo más cosas que estaré comentando.

Adiós.

domingo, 30 de mayo de 2010

Sabina: lo que me dice mi papá


Pasado mañana cumplo siete meses. No he escrito nada desde que cumplí cuarenta o cuarenta y cinco días, no recuerdo bien. Lo que pasa es que mi papá acapara la computadora y no me deja utilizarla; él dice que es porque ha tenido mucho trabajo, pero yo creo que nada más se dedica a hacerce güey (¡uy, perdón!, es que mi mamá ya me está pegando lo lépera). En fin, que trataré de escribir más seguido, aunque sea poquito. Voy a quitarle la computadora a mi papá y no voy a dejar que la utilice hasta que me compren la mía.

Muchas, muchísimas cosas han pasado a lo largo de estos meses. Lástima que no me hayan dado chance de escribir sobre ellas. Todos los días tengo cosas que contar, todos los días aprendo cosas nuevas. La verdad es que me la paso bastante bien, mis papás son chistosos; están medio güeyes porque no sabían como cuidar a un hijo, pero ya van aprendiendo. Debo reconocer que le han echado ganas.

Es fascinante descubrir el mundo; como decía, cada día descubro cosas nuevas. Recientemente descubrí mi mano. Me paso mucho tiempo contemplándola. ¡Es increíble! Mi mano responde a mis movimientos; como yo, mi mano es chiquita pero ha ido creciendo. Por otro lado, cada vez tengo mejor coordinación; antes era muy torpe y débil pero ahora ya puedo sosotener mi cabeza sin problema. Si me dejan boca arriba, ya me sé voltear yo solita pero me desespera no poder gatear todavía, ya mero lo voy a lograr.

La convivencia con mis animales también ha sido un acontecimiento para mí. De todos, con el que más contacto tengo es con Lucas; me encanta verlo y reírme de él. Está muy malito del corazón y por lo eso ya no sale a correr, espero que no se vaya antes de que pueda yo jugar con él. De Pupa todavía me acuerdo y me da tristeza no haber convivido más con ella; sin embargo, yo sé que desde el cielo ella nos cuida a mí y a mis papás. Andrés Manuel es otro que me cae muy bien, es un gato muy necio que se la pasa protestando por todo. El Abuelito es un gato muy serio, cada vez camina más lento; ni yo ni mis papás quisiéramos que sufra, nos gustaría que un día se quedara dormidito aquí en su casa y en compañía de quienes lo queremos. Ojalá que Dios le conceda un final feliz. Con Galatea y Angelita también convivo, aunque todavía no me dejan tocarlos porque en lugar de acariciarlos les jalo el pelo y se enojan. Finalmente, con Chapis y Mateo convivo cada vez más; casi diario voy con mi papá a pasearlos, me encanta verlos correr en el jardín, me emociono cada vez que los veo. Espero pronto poder caminar y jugar más con ellos.

Quisiera contar muchas más cosas: mi mamá cada vez me da menos pecho, desde hace un mes ya duermo solita en mi recámara, tengo casi dos meses en la guardería, mi papá me canta todos los días con un inglés muy malo, mi mamá dice que soy lo mejor que le ha pasado en la vida,... ¡Uf, cuántas cosas! Ya iré contando...

Ahora lo que quisiera platicar es algo que me dijo el otro día mi papá. Me pidió que no lo contara pero a mi me gustó mucho, así que ni modo, tendré que traicionar su confianza. Espero que después de esto, me siga contando cosas. Papá, al igual que mi mamá, dice que soy lo mejor de su vida. Dice que no quería tener hijos, por eso se tardó tanto en ser papá; mi mamá tampoco quería, así que estaban los dos de acuerdo en eso. Sin embargo, parece ser que gracias a lo que mi mamá estudiaba en la maestría, poco a poco le fueron dando ganas de ser mamá. Mi papá dice que en el fondo él también lo quería pero se cagaba de miedo (así dice). Hace casi año y medio, unos meses antes de que se decidieran probar a ver si yo me decidía a llegar, tuvieron una de sus crisis más fuertes, habían decidido separarse. ¡Lo que se hubieran perdido! Después de la reconciliación, decidieron dejar de cuidarse (así dice mi papá, no sé bien a qué se refiere) y a los dos meses de eso supieron que yo venía en camino.

Por supuesto, les he cambiado la vida a ambos. Desde que me adelanté al nacer y estuve más de un mes en el hospital, la vida fue distinta para ellos. Nunca dimensionaron mi nivel de demanda como tampoco dimensionaron el cariño que serían capaces de sentir hacia un ser tan pequeño como yo. Mi papá dice que nunca pensó que querría tanto a alguien como me quiere a mí. No importa que no lo deje dormir, que llore para que me cargue o que no le permita comer tranquilo. Afirma que yo y mi mamá somos lo que más quiere en el mundo y que está especialmente agradecido con ella porque piensa que si ella no se hubiera decidido a tener un hijo, su miedo hubiese sido más grande y no me habría tenido.
A mí me da muchísimo gusto que, fuese como fuese, ellos hayan decidido darme la oportunidad de venir al mundo y de cambiarles sus vidas. Seguiré despertándolos a media noche para que me den de comer y me cambien el pañal, seguiré también angustiándolos cuando me enfermo y seguiré llenando sus vidas dejándolos ver como aprendo cosas y descubro el mundo. Él disfruta muchísimo estar conmigo horas enteras, cantarme sus canciones ochenteras, bañarme todos los días y decirme que, cuando me río, él puede ver la sonrisa de Dios.

Bueno, ya me voy porque mi papá ya se despertó y va a querer usar la computadora. Además, no quiero que sepa que ando publicando sus intimidades.
Adiós.
P. Sabina.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Fotos de Sabina

A petición pupular, algunas fotos de mi Pavlova Sabinowsky.





















domingo, 20 de diciembre de 2009

sabina: mi ángel





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y dile que la echo de menos,
cuando aprieta el frío,
cuando nada es mío,
cuando el mundo es sórdido y ajeno,
que no se te olvide,
es de esas que dan
siempre un poco más
que todo... y nada piden.
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Joaquín Sabina.
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Hola. Nuevamente estoy aquí, tomando el blog de mi papá para comunicarme. Como la gran mayoría sabe, estoy en casa con mis papás, nenes y bichitos desde hace poco más de dos semanas. Una disculpa para aquellos que no lo sabían aún; han sido días muy ajetreados en los que no he querido escribir sino disfrutar cada instante de la compañía de mis papás. Podría contar muchas cosas que me han pasado estos días, no me alcanzaría la vida para contarlas: la salida del hospital, mi viaje en el coche de mi abuelo Chava hasta San Juan del Río, el desconcierto de los perros por mi llegada, la necedad de los bichitos, la ropa que me queda grande, mis aretes nuevos, la inmensa alegría que tengo por estarme alimentando todos los días de mi mamá, la torpeza de mi papá para bañarme, las calabaceadas que le he echado a mi mamá cuando me cambia el pañal (¡ja, ja, já!), las visitas con mi doctora, el himno deportivo de la UNAM que mi papá me canta para dormir, mis ejercicios de estimulación temprana, todas las personas que han venido a verme (¡y todas las que faltan!), ¡uf!...
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Quiero contar un poco sobre mi relación con la Pupa. A ella la conocí desde el momento en que estaba en la pancita de mi mamá. Muchos de los que leen esto, saben la importancia que Pupa tiene en la vida de mis papás. Simplemente, ellos no estarían juntos y yo no hubiese nacido si no fuera por ella. Mi mamá me contó que hace siete años la encontraron en la carretera, saliendo de Aguascalientes rumbo al Distrito Federal; si mis papás no hubiesen pasado por allí en ese preciso instante, la habrían atropellado. Estaba muy chiquita, como yo. El hecho de que Pupa llegara a la vida de mis papás aceleró todo para que dos semanas después ellos decidieran empezar a vivir juntos en Cuajimalpa. Pasados algunos meses, las cosas entre ellos parecían no funcionar y se separaron. Sin embargo, mantuvieron contacto gracias a la Pupa; mi papá iba por ella todos los domingos para llevarla a pasear, ese había sido uno de los acuerdos de la separación. En una de esas visitas, mis papás se reconciliaron... ¡Y aquí estoy!
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A la casa de Cuajimalpa llegaron, además de Pupa, los gatos de mi mamá, Bichito y Bichita. Desde entonces, poco a poco la familia creció; unos se iban mientras que otros llegaban. Salomón y Bichita ya no están porque decidieron adelantarse en el camino pero llegarían Galatea, Chapis, Ángela, Andrés Manuel, Lucas y Mateo. Pupa también conoció a Spencer, un perro al que mi papá, mi tía Fer y mis abuelos quisieron muchísimo. Él murió de viejito hace cinco años.
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De todos los perros y gatos, Pupa fue la más sensible a mi llegada. Desde que estaba en la pancita de mi mamá escuchaba sus pucheros porque quería que le hicieran más caricias de las acostumbradas. Mis papás le explicaban que allí estaba yo y que pronto llegaría (¡y vaya que llegué pronto!). Pupa se les quedaba viendo, movía su cabecita, hacía pucheros y daba la manita. Desde allí formamos un vínculo muy fuerte e hicimos una especie de pacto.
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Vendrían muchos cambios. Cuando nací, Pupa dejó de ver a mi mamá durante más de un mes, mientras yo estaba luchando por vivir. Hasta mi incubadora en el Distrito Federal llegaba la energía de Pupa alentándome para que le echara ganas. Pupa, los otros perros y los gatos se sentían desconcertados, ¿dónde está mamá? ¿por qué mi papá está sólo? ¿por qué se duerme llorando? ¿por qué ya no nos dejan entrar a la recámara?...
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Cuando llegué todos se desconcertaron pero, otra vez, Pupa fue la más sensible. Desde el primer día, ella se echó en la puerta de la recámara, cuidándonos a mi y a mis papás. Al llorar yo, ella tembién daba unos pequeños sollozos y aullidos... Nos estábamos comunicando. Ella quería estar conmigo siempre para cuidarme, pero sabía que eso sería muy difícil.
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Hace un par de días se puso un poco malita, andaba más chilloncita de lo normal y mis papás la dejaron dormir en la recámara con nosotros. Me dijo que ya había encontrado una forma para cuidarme mejor, lo había decidido varios meses antes pero no me lo había querido decir. Anoche mi papá la llevó a San Gil con Ofelia; estaba su esposo Ricardo, también veterinario; ambos son maravillosos seres humanos.
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Pupa decidió que la mejor forma de estar siempre conmigo era convirtiéndose en mi ángel guardián. El cáncer ya tenía destrozados su hígado y sus riñones, desde las once y media está con Spencer, con Salomón y con la Bichita. Hace apenas dos días todavía fue a correr al río con mi papá y sus hermanos, estaba llena de vida.
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Ofelia le dijo a mi papá que la gente del campo afirma que los perros quieren tanto a sus amos, que dan la vida por ellos. Mientras yo luchaba por vivir, sé que muchas personas en sus oraciones le pedían a Dios que tomara sus vidas a cambio de la mía. Indudablemente que Pupa pidió lo mismo.
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Adiós Pupa, mi ángel guardián.

sábado, 28 de noviembre de 2009

28 días


Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que vayas.
Josué 1:9.

Hoy cumplo veintiocho días. La verdad es que estos días no han sido muy divertidos que digamos; como decía la última vez, mejor me hubiera esperado... ¡Yo que iba a saber! Las ganas de conocer a tanta gente maravillosa fueron más grandes que mi paciencia.
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Antes de contar algunas de las cosas que me han sucedido a lo largo de estas semanas, quiero dar las gracias a todos los que han estado al pendiente de mi. Han sido incontables las muestras de cariño hacia mi y hacia mis papás; si no fuera por todas sus oraciones y buenos deseos, las cosas serían mucho más difíciles para nosotros. De verdad, mil gracias a todos; que Dios los bendiga.
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Sé que gracias a tantas oraciones, estoy con vida y pronto saldré del hospital. Les pido de forma especial que así como han hecho oraciones para que yo me recupere, las hagan también por todos los amiguitos que he conocido en mis estancias por los cinco hospitales que he recorrido. Desafortunadamente, algunos de ellos no han tenido la suerte que yo he tenido y seguramente ahora ya no están entre nosotros. Por favor, te pido elevar algunas oraciones y pensamientos positivos por aquellos amigos míos que seguramente en estos momentos, mientras lees esto, se debaten entre la vida y la muerte. En verdad es triste saber que muchos bebés como yo se mueren por diversas causas. ¡Ojalá que todos pudieran sobrevivir!
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La única vez que hasta hoy había escrito, hace veintiocho días, comenté que trataría de escribir seguido para que todos supieran como iba. Las cosas se pusieron algo difíciles y hasta ahora no lo había podido hacer; por otro lado, mis papás han estado muy deprimidos porque, al igual que yo, ellos quisieran que ya estuviese con ellos. ¡Pronto mamá, ya falta poquito! No estés triste papá, sé que es difícil para ti estar lejos de mi mamá y vernos sólo los domingos pero ya pronto estaremos juntos en San Juan del Río con los nenes y los bichitos.
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Después de que por la ansiedad de llegar al mundo nací con dos meses de anticipación en el hospital San José, me trasladaron al hospital del IMSS de San Juan del Río. Allí, a mi mamá la dejaban estar mucho tiempo conmigo y mi papá me veía todos los días. En ese hospital por primera vez mi mamá me cargó; aunque fue muy poquito tiempo, nunca se me va a olvidar, fue muy bonito. Durante mi estancia allí, mi papá me leyó varios Salmos (me gustó mucho el número 23), los primeros capítulos del evangelio de Mateo y del Génesis. También me leyó un cuento que me gustó mucho, se llama Pulgarcito; mi papá me dijo que me lo leía porque Pulgarcito era chiquito como yo. De pronto, me puse muy malita; los doctores me diagnosticaron una infección en la sangre; me quitaron todo el alimento, me dieron muchas medicinas y me pasaron a un área especial. Fueron días muy difíciles; mis papás lloraban mucho porque me veían mal. Yo me la pasaba llorando porque tenía mucha hambre pero por la infección no me podían dar nada de comer.
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Los doctores de San Juan decidieron que debido a mi estado de salud, no podía seguir allí y me enviaron a otro hospital en Querétaro. Allí llegué el 8 de noviembre; me tuvieron cinco horas esperando en urgencias mientras me pasaban a la zona de recién nacidos. Fueron horas terribles para mis papás; conocí por primera vez a mi papá enojado. Él y mi mamá se desesperaron porque no me atendían, él comenzó a gritarles a los médicos y a las enfermeras; amenazó con demandarlos y todo; yo pensé que los iba a golpear. Gracias a eso, le hicieron caso y por fin me pasaron con los recién nacidos. Allí, un doctor habló con mi papá y le comentó que mi estado era grave; todos estaban muy preocupados. Mi papá se regresó con mi tía la Güera a San Juan y mi mamá se quedó con mi abuela Pilli y con Óscar en Querétaro. También ese domingo mi abuela Queta y mi tía Fer estuvieron acompañando a mis papás mientras estaban en el hospital de San Juan.
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Al día siguiente, el lunes 9, comenzaron a moverse muchos conocidos. Arturo, uno de los mejores amigos de mi papá, trabaja en el IMSS y le habló a algunas personas. Pilli y Óscar hablaron con un sobrino suyo que trabaja en la presidencia con Margarita Zavala, la esposa del enano espurio de Calderón. También, mi tía Fer contactó a una clienta suya, Rosa Isela, que trabaja en el Centro Médico de la Ciudad de México. Debido al maltrato de que fuimos objeto en el IMSS de Quererétaro, mis papás perdieron la confianza en ese hospital. Gracias a toda la serie de contactos, ese mismo lunes me trasladaron en una ambulancia al hospital de pediatría del Centro Médico del IMSS en el Distrito Federal; decían que allí tenían el mejor equipo, instalaciones y médicos para tratar casos graves como el mío. Para mí ha sido muy triste descubrir que para recibir un trato digno en instituciones públicas como el IMSS, hay que echar mano de influencias; ¿por qué no todas las personas pueden tener una atención digna y oportuna? ¿por qué se maltrata a la gente humilde que no puede defenderse? ¿cuántos niños mueren diariamente en nuestro país por falta de atención o por negligencia médica? Con tristeza me voy dando cuenta que hay cosas que no funcionan bien en el país en el que elegí nacer.
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Mi mamá se fue conmigo en la ambulancia; al principio yo venía tranquila pero después me empezó a dar hambre otra vez y comencé a llorar mucho. Pobrecita de mi mami, yo contemplaba su cara de sufrimiento por no poderme consolar. Hubiera querido dejar de llorar para que ella no sufriera pero en verdad tenía mucha hambre, eran ya muchos días sin probar alimento. ¡Perdóname mamá! Llegué al Centro Médico en la noche y de inmediato me pasaron, ¡vaya diferencia! Los doctores me atendieron de inmediato; me hicieron estudios y me valoraron. Comenzaron a retirarme algunos medicamentos y también ¡por fin! me empezaron a dar de comer. Primero poquito; después, como vieron que comía bien, me fueron aumentando las dosis.
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Durante los cindo días que permanecí en el Centro Médico, tanto mi mamá como mi papá estuvieron en el D.F. y se quedaron a dormir con mis tíos Fer y Ricardo; ellos son unos excelentes anfitriones, igual que mi abuela Queta. Mi mamá está de incapacidad, así que no tiene que ir a trabajar; sin embargo, mi papá sí faltó durante esa semana a las escuelas en las que da clases. Afortunadamente, en todos lados recibió mucho apoyo de sus compañeros e incluso de sus alumnos; sé que también que muchos de ellos estuvieron orando por mi recuperación. Mi mamá se está quedando en la casa de mi abuelo el Moyo, allí se siente acompañada por él aunque no deja de sentirse triste y de llorar.
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Algo maravilloso que me sucedió en el Centro Médico fue que me comenzaron a dar leche de mi mamá; ¡qué cosa más deliciosa! En verdad que no hay nada más rico ¡Mmmmmhh! Pero lo mejor que me ha pasado durante estos primeros veintiocho días de vida sucedió el miércoles 11; nunca lo olvidaré. La doctora Madrigal le permitió a mi mamá que me diera leche directamente de su pecho. ¡Ufff! Allí me di cuenta lo maravillosa que es la vida; ese día decidí que le echaría todas las ganas del mundo para sobrevivir y volver a alimentarme directamente de su pecho. Nunca olvidaré su mirada de amor mientras yo succionaba ese líquido delicioso y tibio. Satisfecha, me quedé dormida de inmediato; la emoción fue enorme. Desde aquel día, no deseo otra cosa que volver a alimentarme de esa forma; no nos han dejado los doctores hacerlo de nuevo pero sé que pronto lo haremos otra vez. ¡Te quiero mucho mamá! ¡Gracias por ser quien eres! ¡No me equivoqué al escogerte!
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Al día siguiente, me trasladaron al hospital del IMSS que está en la avenida Gabriel Mancera, en la colonia Narvarte. Nuevamente fue gracias a Rosa Isela que me dejaron allí; originalmente me iban a enviar de regreso a Querétaro pero gracias a ella y a su esposo, me dejaron en el D.F.; creo que fue lo mejor después de la mala experiencia en Querétaro. También recibí apoyo del Doctor Delfín, director del hospital de pediatría del Centro Médico, porque es gran amigo de mi abuelo Chava y de una prima de mi mamá... ¡Qué coincidencias y de nuevo que triste es que en mi país haya que recurrir a influencias para recibir un trato digno por parte de las instituciones públicas! Lo del Doctor Delfín fue muy curioso. Primero, la prima de mi mamá habló con él por teléfono y ya con esa referencia mi mamá lo visitó en su oficina. Una hora después, mi mamá recibió una llamada en su celular del mismo doctor Delfín diciéndole que mi abuelo Chava le había llamado para pedirle apoyo porque son muy buenos amigos. Mi abuelo y la prima de mi mamá se conocen porque todos son bohemios de corazón. ¡Qué mundo tan pequeño, tan pequeño como yo!
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Desde el jueves 12 que llegué al hospital de Gabriel Mancera he estado mucho mejor. Lo malo es que mi papá se tuvo que regresar a San Juan por su trabajo y para atender a los bichitos y a los nenes. Ahora sólo lo veo un ratito los domingos. Sin embargo, mi mamá y él hablan todos los días por teléfono y ella me platica de él. Sé que, igual que mi mamá, ha andado muy deprimido por no poder estar con nosotras; ¡ánimo papá, ya pronto salgo de aquí! Ya no estés triste, falta muy poco para que estemos juntos y me vuelvas a leer Pulgarcito, el Salmo 23 y el evangelio de Mateo.
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Es increíble la cantidad de cosas que pueden pasar en veintiocho días. Sería imposible contarlas todas. He conocido a muchos bebés y a sus papás; detrás de cada uno hay muchas historias. Dios los bendiga a todos. Por cierto, hablando de Dios; el martes pasado una señora fanática y muy metiche le dijo a mi mamá que me "deben" bautizar... ¿Y quién le preguntó? ¿Qué cosa es eso de que los bebés nacemos con un pecado y por eso "tienen" que bautizarnos? Pase lo que pase, mis papás han decidido que no me impondrán ninguna religión. Ellos piensan que Dios es mucho más grande que cualquier institución creada por los seres humanos. ¿Qué se creen los ministros de las distintas religiones para sentirse intermediarios entre Dios y las personas? ¿Cómo es que un señor que vive en un palacio y rodeado de riquezas dice representar a ese ser maravilloso que hace dos mil años vivió en la pobreza predicando un mensaje de amor, alejado de cualquier religión? Dios y yo tenemos comunicación directa, no necesito de ningún intermediario.
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Por mi salud han orado muchos laicos, católicos, protestantes, judíos, testigos de Jehová y hasta musulmanes. A todos se los agradezco de corazón porque sé que cada quién lo ha hecho desde su muy respetable fe. ¡Bendita sea la libertad de credos y bendito el respeto por las creencias de cada quién! A esa señora del Opus Dei le digo que no se meta en lo que no le importa; allá ella y su fanatismo medieval, que tenga las creencias que quiera pero que respete a los que pensamos de forma distinta.
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Durante este par de semanas, poco a poco he ido ganando peso. Los doctores dicen que estoy muy bien, ya sólo estoy en fase de recuperación. Tengo un pequeño soplo en el corazón, pero nada de cuidado. Nací pesando mil 450 gramos; por la infección, bajé hasta menos de mil 200 pero ahora ya estoy cerca de los mil 700 gramos. Hoy le dijeron a mi mámá que por primera vez van a probar dejándome en una cuna, fuera de la incubadora. Si regulo bien la temperatura de mi cuerpecito, ya no me regresan a esa pecera. Le voy a echar muchas ganas para que así sea; sin embargo, si no reacciono bien, me regresan a la incubadora y probamos en unos días más. A mi ya me anda por que me den de alta, irme a San Juan, conocer a los bichitos y a los nenes, dormir con mis papás y alimentarme de mi mamá.
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No sé cuando vuelva a escribir pero ya te avisaré. Mientras tanto, si has llegado a leer hasta aquí te doy las gracias por tu interés, tus oraciones y tus buenos deseos. Ten por seguro que yo estaré pidiéndole a Dios por ti y por tus seres amados.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Sabina: ¡Ya llegué!

No quise esperarme más tiempo, nueve meses allí adentro era demasiado. Ya quería conocer a mis papás, a los nenes y a los bichitos. Todos ellos son muy necios pero también chistosos. Decidí que era hora de salir. Mis papás tenían planes completamente diferentes para mi nacimiento: querían que naciera por parto natural en agua, en Querétaro, con la doctora Nayelli y Claudia para que nos apoyaran. También querían que mi tía la Güera estuviera presente para que filmara todo y no sé cuantas cosas más. ¡Ja, já! Me les adelanté. No fue por mala onda, sólo que ya me sentía muy incómoda. Además, yo quería nacer aquí, en San Juan del Río; aunque es un pueblo, mis papás están muy contentos viviendo aquí desde hace casi cuatro años; aquí me concibieron, aquí decidí nacer y aquí quiero vivir. Hay mucha gente que dice que es un pueblo y tienen razón, por eso mis papás decidieron venirse para acá. ¡Qué bueno que se salieron del DF! Las veces que viajó mi mamá para allá conmigo dentro de su pancita, pude sentir el estrés de la esa ciudad... ¡De la que me salvé! Mis papás y yo estamos felices aquí en San Juan, aunque sea un pueblo bicicletero.

Lo que no había pensado es que como nací tan chiquita, peso menos de un kilo y medio, me iban a tener en esta como pecera y sin poder estar con mis papás. ¿Por qué no me lo avisaron? De haber sabido, me hubiera esperado el mes y medio que me faltaba. Lo que pasa es que en el curso psicoprofiláctico que tomaron mis papás, Claudia hablaba de muchas cosas; pero nunca mencionaron que si nacía antes me iban a tener aquí... Ni modo, eso me gano por ser ansiosa como mi papá.

Fue bastante sorpresivo para todos. El sábado en la noche mi mamá acababa de llegar del Beibi Chagüer (perdón, pero todavía no sé hablar inglés, con trabajos entiendo el español) que le organizaron en Querérato. También eso me animó a salir antes; todas las personas que estaban allí me cayeron muy bien y las quería conocer. Fue en casa de mi abuelita Pilli y de su novio Óscar, todo estuvo muy rico y nos regalaron muchas cosas; mi abuelita y Óscar son muy buena onda, los quiero mucho. Cuando regresamos a la casa, mi papá andaba dizque haciendo un trabajo de la maestría, le dí chance que terminara; empecé a dar lata como a las doce de la noche. En mi casa se quedó a dormir mi otra abuelita, Queta, porque vino al Beibi Chagüer. A ella la veo menos porque vive en el DF pero también la quiero muchísimo; igual que a mis otros dos abuelos, Moyo y Chava, y a mis tíos Fer, la Güera, Nacho y Ricardo. A todos los quiero mucho, justo por quererlos conocer, se me ocurrió llegar antes.

Llegamos al hospital San José aquí en San Juan; yo ya iba de salida. Me atendió un doctor al que mis papás apenas conocieron ese día; está bien chistoso, se parece a Jesús Ochoa, hasta habla igual que él. La doctora que al parecer va a ser mi pediatra me cayó muy bien; se llama Paty también la conocimos todos ese día. Pobrecita de mi mamá; se tuvo que aventar todo ella solita, sin anestecia, ni preparación, ni nada. El hospital al que llegamos está muy bonito, es el mejorcito del rancho; nos atendieron bien pero mi mamá sufrió mucho. Si me hubieran dicho que a ella le iba a doler tanto por llegar tan de sorpresa, me hubiera esperado, aunque sea un poquito más. Comprobé que no me equivoqué al escogerla a ella como mamá, se portó muy valiente, está chaparrita como yo pero es muy brava. ¡Gracias mamá! Estoy muy orgullosa de ti, sin tu esfuerzo yo no estaría en este mundo. Mi papá también estuvo sufriendo mucho, él estaba escuchando afuera de la sala de expulsión escuchando los gritos de mi mami; no podía hacer nada, nada más le pedía a Dios que todo pasara rápido.

Inmediatamente que nací, le dí a mi mamá otro sustote. Al salir, yo estaba muy confundida; como estoy tan chiquita no tengo mucha fuerza todavía y salir me costó trabajo. Cuando Ochoa me vió, comentó que estaba yo muy chiquita; la doctora Paty me vió y luego volteó a ver a Ochoa. Los dos hicieron una cara como de preocupación; yo no llorarba por el esfuerzo que había hecho. Mi mamá le preguntó a Paty que por qué yo no lloraba; le respondió con un gesto de desconcierto. Mi mami pensó que había nacido muerta... ¡Pobrecita! ¡A para sustitos y sorpresitas que le he dado! Insisto que es muy valiente mi mami. Ella dice que yo soy lo más hermoso del mundo pero mi papá le dice que no, que ella es más hermosa; yo estoy de acuerdo.

La doctora Paty me llevó a otra salita. Sin que lo vieran, mi papá se asomó a verme por una ventanita que había en la puerta. Después de unos pocos segundos empecé a llorar; cuando mi mamita me escucho, se calmó bastante. El Ochoa le dijo: "ye ves m'hija, tiene unos pulmonzotes". Quien sabe que tanto me hacían la doctora y los asistentes; cuando se dieron cuenta que mi papá estaba viendo por la ventanita lo corrieron, le dijeron que estaba prohibido pasar hasta allí. Se regresó al pasillo y allí escuchó a mi mamá gritar mucho más fuerte. Lo que pasa es que como nací antes, el cuerpecito de mi mami, chiquito como el mío, no estaba listo para explular todo, así que Ochoa tuvo que hacerle una especie de limpieza interna para que no quedara nada adentro que pudiera afectarle más adelante.

Si me hubiera tardado un poco más, lo ideal era hacer una operación, creo que le llaman cesárea o algo así. Mis huesitos están muy tiernos y cuando pasara por el canal iba a tener problemas; sin embargo, como llegamos tarde, ya no se podía hacer nada, ni siquiera ponerle anestecia a mi mami. ¡Pobrecita! Pero ella es bien valiente y aguantadora, por eso la quiero tanto. Gracias a su esfuerzo y a las ganas que le echó, no se afectaron mis huesitos, sólo lo normal. Mi papá seguía con la angustia afuera de la sala. Por momentos le quería gritar a mi mamá pero no podía ni hablar; él sí que no hubiera aguantado, es bien chillón, no como mi mamá que es más brava que el chile de árbol.

Yo hubiera querido que de inmediato me pusieran en el pecho de mi mamá, como lo veíamos en los videos que nos pasaba Claudia en el curso. Mis papás habían pensado en poner música de Serrat y de mi tocayo Sabina así como velas y poca luz para recibirme. Pero bueno, por mi ansiedad de conocerlos no pasó nada de eso; sin embargo, estoy feliz de estar viva, aunque sea tan chiquita. Le estoy echando muchas ganas en esta pecera para crecer rápido y que pronto pueda conocer a mis bichitos necios y a mis perros latosos.

Nada más me dejaron ver a mi mamá de lejos y muy rápido, luego a mi papá y me metieron en una especial de pecera, oí que le dicen incubadora. Como la doctora Nayelli le había recetado el miércoles anterior a mi mamá una medicina para reforzar mis pulmoncitos, desde que nací estoy respirando yo solita, no he necesitado oxígeno ni respiración artificial. Todos dicen que eso es muy bueno porque lo único que tengo que hacer es crecer para ganar peso; llegando a los dos kilos me dejan salir de la pecera para poder irme a mi casa con mis papás.

Mientras estuve en la pecerita del San José, conocía a mucha gente. Ellos piensan que no los ví pero reconocí las voces de todos. Allí estaban mis dos abuelitas, Queta y Pilli; junto con Pilli llegó el buen Óscar, ya dije que es algo así como mi abuelito postizo. Luego llegaron la Güera y Nachito. Por cierto, mis papás han decidido que ellos van a ser como mis padrinos. No serán exactamente mis padrinos porque mis papás no piensan bautizarme porque, además de que ellos no creen en eso, yo no estaría de acuerdo en que me bautizaran sin consultármelo. Quizá yo de grande decida ser católica, budista, musulmana o hare krishna pero eso lo decidiré yo; eso me gusta mucho de mis papás, que piensen en la libertad que tendré para decidir cosas importantes. Decía que Nacho y la Güera aceptaron ser quienes se hagan cargo de mí por si algo les llegara a pasar a mis papás; ojalá que no haya necesidad de eso. Quiero que pronto llegue mi prima, la hija de ellos que se va a llamar Tiffany Yei o algo así; si es primo se va a llamar Stephen Alexander. Que llegue pronto para que yo tenga alguien con quien jugar porque mis papás no quieren tener más hijos; si deciden traerme un hermanito para mí, sería adoptado. Bueno, eso dicen ahorita, pero también mucho tiempo dijeron que no querían tener hijos y aquí estoy yo.

Más tarde llegaron al hospital mis otros tíos, Fer y Ricardo. Ellos estaban en el DF pero cuando se enteraron de que ya había nacido no dejaron de hablar por teléfono para ver como iba todo y después llegaron a vistarme. También reconocí sus voces desde lejos. A ellos también los quiero mucho, son personas maravillosas con las que mis papás cuentan de manera total. Su apoyo fue muy importante durante todo el tiempo. Un poco más tarde llegó el Moyito; cuando me vio, lo primero que dijo, reconocí perfectamente su voz, fue que yo estaba rojita como él después de echarse sus tequilas. Nada más que salga de esta pecera, le voy a pediro al Moyo que me toque con su guitarra el concierto de Aranjuez o alguna de Serrat.

Al único que no vi fue a mi abuelo Chava. Va venir mañana martes pero no me va a poder conocer porque sólo mis papás pueden pasar a la clínica a verme. Tendremos que esperar un poco para concernos. Me acuerdo que cuando mis papás le avisaron que yo venía en camino lloró de la emoción; no es fácil verlo llorar, eso quiere decir que le dio gusto la noticia. Como al Moyo, también a él le voy a pedir que me cante algo de Serrat; le sale muy bien la de "Esos locos bajitos".

Muchas personas que nos quieren a mis papás y a mi han hablado por teléfono para saber como estaba todo. A todas les doy las gracias desde mi pecera, créanme que le estoy echando muchas ganas; mis papás me vienen a ver todos los días, me platican y me acarician. Si hablan con mis papás, díganles por favor que no estén tristes, que yo también quisiera estar con ellos pero que estaré aquí sólo una semanas para después estar juntos, jugar, salir a pasear y convivir con Andrés Manuel, Galatea, Bichito, Angelita, Lucas, Pupa, Chaparra y Mateo. Ya quiero dormir en mi cuna, tomar lechita de mi mamá y que mi papá me bañe todos los días. También estoy ansiosa conocer a tantos amigos y gente maravillosa que está al pendiente de nosotros y que leerá lo que escribo. No estoy nada mal aquí; está calientito, me dan de comer y me atienden bien. Sin embargo, creo que nada se va a comparar con estar abrazada de mi mami viéndola a los ojos y dándome de comer. Como dice mi tocayo, el flaco Sabina:

Incluso en estos tiempos,
triviales como un baile de disfraces,
todos los días tienen unas horas
para gritar al filo de la aurora
la falta que me haces.
Y se iría el dolor mucho más lejos
si no estuvieras dentro de mi alma,
si no te parecieras al fantasma
que vive en los espejos.


Los siguientes días estaré entrando al blog de mi papá para que sepan como va todo, como me siento yo y como se sienten mis papás. A nombre mío y de ellos, gracias a todos los que están el pendiente de mi y especialmente gracias a Dios, a la vida o a eso que cada quien le llama como quiera por permitirme conocerlos. Todos ustedes son, desde ahora, parte de mi vida.

PSGMO

martes, 25 de agosto de 2009

Relato: One of us

Alaben su nombre con danza,
con pandero y con arpa canten,
porque Jehová tiene contentamiento
en su pueblo.
Salmo 149. 2-3.

Ignoro si algún día podré tocar aceptablemente la guitarra, yo esperaría que sí. Éste es mi tercer intento. El primero primera fue hace aproximadamente cuatro años, antes ve venir a radicar a San Juan del Río. Empecé a tomar clases los sábados con el Moyo. Por aquellos días andaba realizando semana a semana mis viajes de trabajo por el Bajío: Morelia, León, Irapuato, Celaya y anexas cargando a todos lados mi guitarra con el fin de ensayar. Inicié aprendiendo a leer las tablaturas y ejecutando los diversos ejercicios que me dejaba el Moyo. Alguna vez incluso venimos la Pequeña y yo de vacaciones a San Juan y me traje la lira para seguir ensayando y perfeccionar el Andante de Carulli. No recuerdo exactamente que pasó después, el caso es que la dejé. Seguramente argumenté falta de tiempo; quizá fue la temporada en la que comencé más en forma a preparar mi primer maratón, el de la Ciudad de México. Dejé la guitarra, como tantas cosas he dejado en mi vida y en general (no es justificación) dejamos los seres humanos. Ya instalado en San Juan, hubo un tibio intento por retomarla pero duró no más de un mes. Desde entonces, la guitarra estuvo guardada en su estuche durante más de tres años.

Hace un mes aproximadamente, la temporadita que tuve pocas clases debido a las vacaciones de verano, rescaté a la guitarra del abandono en el que la tenía y comencé a tocar de nuevo. Dado el escaso tiempo transcurrido, recuerdo bien como fue. Entré a You Tube buscando el video de la canción One of us de Joan Osborne. La idea era practicar mi inglés como lo hago con cierta frecuencia, leyendo letras de canciones a la vez que las escucho y las canto (perdón, las intento cantar), buscando mejorar mi pronunciación. Comencé a trabajar con el video y la letra. Para quien esté leyendo estas líneas y no conoce la canción referida, he de decir que se trata (para mi gusto) de una excelente composición que gira fundamentalmente alrededor de una pregunta: What if God was one of us? (algo así como ¿Qué pasaría si Dios fuese uno de nosotros?) En algún punto, la guapísima rubia también cuestiona ¿qué le preguntarías a Dios si estuvieses frente a él y sólo pudieras hacerle una pregunta? Tan solo un par de muestras de las filosóficas preguntas que se plantea en torno a la imagen de Dios. A pesar de que la he escuchado antes infinidad de veces, al tiempo que escuchaba, liberé una nada despreciable cantidad de secreciones lacrimales. Las preguntas son demoledoras y especialmente los son ahora para un servidor en mi actual situación: a pocos meses de que nazca Sabina, este tipo de cuestionamientos surgen a cada instante. A la pregunta de Joan Osborne de si Dios fuese uno de nosotros, yo le respondería que lo que hoy creo (hoy, ayer pensaba diferente y mañana seguramente creeré algo distinto) es que en efecto, Dios es uno de nosotros. De hecho, Dios está aquí, en este momento junto a mí (o dentro de mí) mientras tecleo. También está afuera, en el patio, cuidando el sueño de Mateo y de la Chaparra. Igualmente, el jefe está en la pancita de la Pequeña, pendiente del crecimiento de Sabina. El jefe soy yo mismo y también lo eres tú que lees esto (¡blasfemia! ¡crucificadle!). El jefe está en absolutamente todos lados, por eso es quien es. Con esto, me acerco un poco a la postura pandeísta de Spinoza: Dios es sustancia, es perfecto, es y no es al mismo tiempo. Me parece que el gran error de los seres humanos es pretender encasillar a Dios como una persona similar a nosotros pero ajena a nosotros. Regreso a lo que dice la canción: está con nosotros, somos nosotros mismos (esto último lo agrego yo).

Decía antes que, mientras escuchaba la canción, lloré durante varios minutos. La reproduje varias veces, buscando seguramente agotar la totalidad del llanto reservado para los siguientes días. Allí mismo, en You Tube, encontré varios covers de la misma canción y elegí un par de ellos para escucharlos. Una chica gringa que ejecuta uno de los covers junto con Joan Osborne, son las culpables de que haya decidido volver a intentar emular a los músicos rasca-tripas (parafraseando a Pedrito Infante). En ese momento, aún con lágrimas en los ojos, saqué a la guitarra de su rincón y comencé a rascarle las tripas. Desempolvé también mis apuntes con las lecciones del Moyo y me puse a practicar. Desde entonces, sólo le he fallado un par de días. Actualmente, me está costando trabajo hacerme cancha para tocar pero defiendo esos escasos cuarenta y cinco minutos (una hora a lo más) al día teniendo como una de mis metas la de, algún día, tocar One of us y subir un video a You Tube.

Además de la canción ampliamente referida me motiva el hecho de poderle cantar canciones a Sabina y de que algún día ella las cante conmigo. Se me enchina la piel tan sólo de imaginar el momento en que yo toque alguna canción infantil (allá en la fuente / había un chorrito / se hacía grandote /se hacía chiquito) y ella se ponga a cantar y bailar. Viene a mi mente Pedrito en Pepe el toro cuando les canta a los hijos de su amigo boxeador la canción del osito carpintero.

Veremos que pasa, ya lo iré relatando en este espacio. Dice el viejo y conocido refrán (el Chapulín Colorado dixit): uno pone aquel dispone (lo de “aquel” es mi hereje aportación). Mientras tanto, seguiré ensayando todos los días sabiendo que Dios sonríe cada vez que vibran las cuerdas de mi guitarra.

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viernes, 31 de julio de 2009

Para Sabina y la Pequeña, naturalmente.

La primera entrada va dedicada a mis dos mujeres: la Pequeña y Sabina.

Perdón por las faltas de ortografía, errores de redacción o de dedo; es por la edad.

Si todo sale bien, en diciembre llega un nuevo ser humano a este mundo. Después de miles de dudas y pasados siete años, a finales de enero decidimos guardar los globos en un cajón y nos pusimos a chambear. ¡No tardó ni dos meses en pegar! Creo que Sabina estaba decidida a venir; lo que no sé es porque nos escogió a nosotros como papás, creo que había en el mundo muchas mejores opciones. Pero bueno, fue su decisión y ahora tendrá que sufrirnos y aguantarnos. ¡No sabe en la que se metió!

Con tanto facebook, metroflog, myspace y no sé cuantas mariguanadas, no podía quedarme atrás y decidí abrir este espacio para expresarme tan seguido como me sea posible. Me refugiaré aquí para comentar todo aquello que me venga en gana: deportes, libros, películas, anécdotas, recuerdos, música, política... Incluso subiré de vez en cuando algunos de mis cuentos, tanto los viejos (conocidos por varios de los que leen estas líneas), como los recién salidos de mi calenturienta y chaquetera mente. A ti que lees esto, no te extrañe que en algún momento te veas reflejado en lo que escribo, ya sea con tu propio nombre o con algún otro para guardar tu identidad.

La mayoría de los que me conocen, sabrán que el nombre de Sabina no es una casualidad. Se trata de un pequeño tributo al flaco de Jaén. El nombre estaba decidido desde antes que decidiéramos prescindir del globo: Joaquín si era varón, Sabina si era mujer. Si algo he aprendido en la vida, ha sido a no decir que nunca haré o diré algo. Esto va en relación a que todavía a principios de año quien teclea afirmaba que no quería (todavía) ser papá; y ahora estoy aquí dedicando esta primera entrada a mi Sabina. A manera de justificación, casi todos saben que soy bastante hocicón: en varias elecciones voté por el PAN y ahora todo lo que huele a política azul me da asco. Mejor no digo que nunca votaré por el PRI, apoyaré al América o me casaré con la Pequeña por la iglesia porque en una de esas lo terminamos haciendo... ¡Que Sabina me perdone! Si algún día hago algo como eso, por favor salúdenme con una amistosa mentada de madre pero no me retiren su amistad.

Ya entrados en temas deportivo-político-religiosos, algo que mi Pequeña y un servidor tenemos claro es que definitivamente no podremos controlar los gustos y decisiones de Sabina. Estamos preparados para lo peor: Sabina-americanista, Sabina-niña RBD, Sabina-priísita, Sabina-monja, Sabina-aficionada a las corridas de toros, Sabina-carnívora, Sabina-antiperros y Sabina-antigatos, Sabina-antideportes... Ni modo, así es la vida y no sería nada extraño que así fuese. Al respecto, una anécdota personal que no muchos conocen. Mi papá es aficionado a las corridas de toros, incluso de joven fue un necio novillero no pocas veces arrastrado en la arena. Cuando nací, hace casi 36 años, en el barco en el que trabajaba, sus compañeros italianos le regalaron una tarjeta que decía algo así como (perdón por mi italiano chafa): "e natto un torero" (traducido: "ha nacido un torero")... Cuando era chico, mis papás nos llevaban a mi y a mi hermana a las corridas de toros a la Plaza México; yo estaba bien equipado: muleta, capote, montera, bota. Fer y yo jugábamos al toros y toreros con nuestro perro Minito (afortunadamente, nunca le dimos a él una estocada ni él a nosotros una cornada). Seguro que Chava y Queta soñaban que algún día su primogénito sería matador de toros o, por lo menos, aspiraría a serlo... ¿Quién les iba a decir que ese matador de toros terminaría siendo protector de animales, vegetariano y enemigo de las corridas de toros? Decepciones que da la vida.

Mientras espero las decepciones, a Sabina y a su mamá casi todos las mañanas las despierto cantándoles alguna canción que compongo en ese momento; según los libros, a sus casi cinco meses Sabina ya nos puede escuchar. Yo no sé si esto último sea cierto, pero lo que sí sé es que le seguiré cantando con mi desafinada voz y también me seguiré riendo con su mamá como hasta ahora. Ignoro también si la Pequeña y yo seremos tan buenos padres como lo fueron los nuestros, pero lo que sí puedo garantizar es que entre nosotros no se va a aburrir. Pupa, Andrés Manuel, Mateo, Galatea, Chapis, Ángela, Lucas, Bichito, la Pequeña y yo la estamos esperando con cariño.

Por mi raza hablará el espíritu.
San Juan del Río, Querétaro, México.
31 de julio de 2009.